domingo, 7 de marzo de 2010

La jungla de los frios

Raul me gustaria tener una mecedora intensa, porque tengo nauseas.
La negrita parece muerta ya. Es hora entonces.
La risa de la mosca es algo fatal, su mirada en la sopa espesa y hueca me da frio.
Necesitamos un arquitecto miedoso y timido. Hay reflejos en el ser humano del pueblo que se envuelven en anillos y finas tazas maduras que construyen noches de gas latente.
Delia entonces estuvo preguntando quien sabe si los bofetones eran delicados, si los cablazos eran exactos y los gatos la miraban sutiles y lejos.
Mario, por el cuello se aparto de ella, la vieja mal vestida, y no hablo de parques, ni siquiera de mariposas.
Yo abri la puerta, porque uno sino uno se duerme. Me parecio libre y espantoso, silvaba y el gran armario asomaba con lagrimas negras cantando.
Profundo tengo que salir de aqui, pues estaba en la anulacion total. El estupor, mi corazon, los parpados, la luz del sol, que pesadilla atroz.
Me aprete la cara, respire desertada. ¿Se me vé abuela? ¿ Estas mejor?
Los medicos se enteraron, y ella bebia ginebra con las puertas cerradas.
El vampiro vio acercarse una sombra y acaricio su vientre de raso.
Loca de hambre ella habia nadado, golosa. Estaba palida y desolada, como su padre.
Los medicos son grandes, interrogaron llorando, hablaban del hijo que no tenia miedo a nada, y ella repitiendo siempre que no era para provocar sonrisas.
Yo estoy cavando fosas para enterrar, cavo y entierro, velas y flores, muertes y juramentos que tambien se entierran y mueren con ellos.

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