martes, 30 de agosto de 2011

celda pecosa

Cuando estuve en prisión besaba los labios de las negras que dormían; me duchaba y el chorro de agua me gritaba sos una chorra! Y me rompía el corazón raspado por el filo del jabón, por eso no me bañaba cuando estuve en prisión!; quise mucho a una mujer enorme con anteojos que como nadie venia a verme, jugaba a las visitas y pedía por mi; nunca lloré porque yo siempre quise estar ahí, no soportaba mi cansancio de mula, y necesitaba verdad para sostener mi sangre encerrada en cosquillas de muerte. La muerte me hacia reír y yo la quería como a la mujerzota! Me reía y despedía mi boca floja chorros y chorros de saliva. Era necesario que alguien delimitara el espacio. Si seguía muriendo y riendo sin esas 4 paredes conteniendo iba a inundar el mundo y arruinarlo todo queriendo arruinarme.

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