Corrió a la habitación en dónde creyó solo cuándo la luz estaba apagada, donde soñó con almohadas con bocas que comían su cuerpo cuando se volvía pegado y eterno. Aterrizando y despegando a la vez
cuando el hueco blando presiono las garras para allá
no quedó ni un arma, no quedo ni un alma.
Pronto todo iba a volver a ser igual.
Eso dijo su madre, con la luz prendida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario