lunes, 21 de junio de 2010

Ahora que somos dos

Cuando miraba sus ojos, veía un sol.
En sus ojos estaba el horizonte, y no es mentira.
Siempre le brillaban los ojos,  yo la miraba y veía todo lo que sola no podía.
Entonces, quería siempre usar sus ojos, y ella se tiraba arriba mio, y no me dejaba mover.
En esos momentos yo deseaba que se fuera y que me deje.
Pensaba en que seguro extrañaría los primeros días sus manos, su tranquilidad, su sonrisa y sus ojos, pero después se me pasaría, como paso con todos los demás.
Pero no era así, yo dependía de ella, y ella no era sin mi. Las dos nos teníamos a nosotras, y yo necesitaba su cuerpo arrojado sobre mi, queria que medeje sin movilidad.

2 comentarios:

Dario Kullock dijo...

Muy lindo Juli. A veces el otro, el que nos inmoviliza, es el que marca también el límite y algunas veces el límite es lo que nos define, a veces nos contiene y otra nos sofoca.

julieta caputo dijo...

dario no podes ser mas lindo!!! te quiero un monton.