Cuando miraba sus ojos, veía un sol.
En sus ojos estaba el horizonte, y no es mentira.
Siempre le brillaban los ojos, yo la miraba y veía todo lo que sola no podía.
Entonces, quería siempre usar sus ojos, y ella se tiraba arriba mio, y no me dejaba mover.
En esos momentos yo deseaba que se fuera y que me deje.
Pensaba en que seguro extrañaría los primeros días sus manos, su tranquilidad, su sonrisa y sus ojos, pero después se me pasaría, como paso con todos los demás.
Pero no era así, yo dependía de ella, y ella no era sin mi. Las dos nos teníamos a nosotras, y yo necesitaba su cuerpo arrojado sobre mi, queria que medeje sin movilidad.
2 comentarios:
Muy lindo Juli. A veces el otro, el que nos inmoviliza, es el que marca también el límite y algunas veces el límite es lo que nos define, a veces nos contiene y otra nos sofoca.
dario no podes ser mas lindo!!! te quiero un monton.
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