Esos cerebritos le metieron la pinza hasta la garganta y hasta que no dejo de salir sangre de su boca, no se fueron por la puerta del costado.
Se llevaron
los libros fuera de lugar
las fotos de la alegria
los cubiertos brillosos
esponjas de baño sin usar.
Solo la dejaron con las ganas de olvidar
Sola ella, sangrando, y nadie
respondia a sus gritos.
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