Quisiera no tener cabeza
trepar el àrbol mas alto
y màs debil (por su grandeza)
hasta el cielo, y no bajar nunca jamàs
aliviar mi rojo dolor
que reposa en mi cuerpo
blanco
sin cansarse.
Estrangulo vino a buscarme
para decirme, que se va.
Ya lo sabìa
lloro un poco,
me tapo los ojos
por verguenza,
porque lloro poco.
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